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Tratamiento de la úlcera péptica |
Para el tratamiento de una úlcera péptica existen varios medicamentos, dirigidos a neutralizar los factores causales y los síntomas ulcerosos.
En todas las enfermedades o afecciones, el primer paso hacia su resolución es el diagnóstico. En el caso particular de una úlcera péptica, se puede llegar al diagnóstico mediante estudios como la endoscopia digestiva, ampliamente reconocida por su eficacia y disponible en la mayoría de los centros de diagnóstico y tratamiento.
El objetivo del tratamiento de la enfermedad ulcerosa péptica es el de eliminar la bacteria involucrada (cuyo nombre científico es Helicobacter pylori, y se abrevia H. pylori), proteger el revestimiento interno del estómago (llamado mucosa gástrica) del efecto irritante y dañino de la secreción ácida, y disminuir esta última. Estos objetivos son tema de debates y de modificaciones permanentes por parte de los especialistas e investigadores, a medida que van surgiendo nuevos estudios que proponen diversos medicamentos o estrategias terapéuticas. Por lo tanto, no se trata de una indicación siempre igual y sin variantes, sino que el tratamiento de esta enfermedad es un proceso dinámico, que los especialistas ajustan en cada paciente según sus particulares características. Por este motivo, sólo se hará una referencia global a las estrategias terapéuticas disponibles y aceptadas.
En primer lugar, cabe mencionar la necesidad del empleo de antibióticos. Su finalidad puede comprenderse con claridad ya que hablamos de la participación de una bacteria como principal implicada en el desarrollo de este tipo de úlceras. No se trata de cualquier antibiótico, sino de algunos que han probado ser los más eficaces. En muchos casos es preciso cambiar el tipo de antibiótico o su dosificación.
Con respecto a la reducción o al bloqueo del ácido gástrico, que es el responsable final de la producción de las úlceras, los médicos recurren a 2 tipos de agentes: los tradicionales bloqueantes de los receptores H2 y los inhibidores de la bomba de protones. Los primeros mencionados son los que bloquean unas estructuras de la mucosa intestinal (receptores H2), que son los que permiten el efecto de la histamina, sustancia que estimula la producción de ácido. De esta forma, se suprime el estímulo para que las células gástricas fabriquen ácido.
Los que se designan con el nombre genérico de inhibidores de la bomba de protones son medicamentos más modernos y activos que los anteriores. Como lo sugiere el nombre asignado a esta categoría de fármacos, inhiben las estructuras celulares gástricas que bombean el ácido hacia el estómago; entre estos agentes se destaca el rabeprazol.
Como puede comprenderse, lo ideal es el empleo conjunto de medicamentos para eliminar el H. pylori y simultáneamente reducir o bloquear la secreción de ácido, para eliminar las causas originales y los mecanismos directos de producción de la úlcera. A ellos suelen agregarse otro tipo de medicamentos, que son los protectores de la mucosa gástrica, que forman una especie de película que la recubre, aislándola del efecto del ácido. Estos fármacos también actúan para inhibir a la bacteria causante de la úlcera péptica.
Como puede apreciarse de esta síntesis del tratamiento, suelen utilizarse 3 tipos de medicamentos (a veces 4) originando lo que se llama la triple terapia: antibióticos, supresores del ácido y protectores de la mucosa. Un tiempo estimado promedio del empleo de los tres fármacos es de 2 a 3 semanas, pero como se dijo queda a criterio del especialista tratante cuál es la alternativa más conveniente en cada caso. Algunas veces es necesario emplear 2 antibióticos.
Aunque parezca engorroso seguir un tratamiento que obliga a tomar varios comprimidos, este es el único modo eficaz de terminar con una patología molesta y dolorosa, y del germen que participa también en el origen de otras enfermedades gástricas más graves.
Converse de este tema con su médico y no intente por su cuenta “simplificar” un tratamiento, este acto puede llevarlo a la pérdida de su eficacia y a la demora en su resolución.
Editora Médica Digital febrero de 2010 |